Si has llegado a esta página buscando una respuesta, es porque eres una persona curiosa y con ganas de aprender. Nos alegra mucho que estés aquí. La respuesta corta es «sí»: Dios es personal. Ahora, veamos esto con más detalle.
Cada persona nace con lo que muchos llaman «un vacío con la forma de Dios» en su interior, un espacio que solo Dios puede llenar. Si tratamos de llenarlo con otras cosas, buscamos sentido en caminos que solo nos dan una felicidad temporal. Esto no siempre fue así, y pronto hablaremos de ello. La buena noticia es que Dios quiere llenar ese vacío … ¡y lo hará!
¿De dónde viene ese vacío? Cuando Dios creó todo lo que existe, incluyéndonos a nosotros, lo hizo para compartir su bondad y alegría. Al principio, la humanidad tenía una relación perfecta y cercana con Dios, sin nada que los separara. Pero, a través de Adán y Eva, elegimos desobedecer a Dios (Génesis 3). Esa decisión creó el vacío que se ha transmitido a todas las generaciones. ¿Cómo podemos llenarlo?
PASO UNO: Reconoce que tienes una necesidad.
Nuestra desobediencia a Dios, llamada «pecado» en la Biblia, nos separó de Él. Desde entonces, las personas han intentado de muchas formas cerrar esa distancia, pero por más que lo intentemos, el pecado nos impide acercarnos a un Dios perfecto y santo.
«Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios». Romanos 3:23
PASO DOS: Pide perdón.
Como en cualquier relación, cuando lastimas a alguien, la reconciliación empieza con pedir perdón. Lo mismo pasa con Dios. Pedir perdón también se llama «arrepentirse» y significa dejar atrás la conducta que causó el daño.
Reconocer tu pecado y pedir perdón equivale a ofrecerte a ti mismo como un sacrificio. Pero dado que Dios es santo, lo que significa apartado, separado, perfecto y puro, el único sacrificio digno de reconectarnos con Dios tiene que ser igualmente santo. Como seres humanos, nunca podremos lograr esto… simplemente no somos ni seremos jamás lo suficientemente buenos. La única manera de ofrecer un sacrificio digno de Dios es que Dios mismo lo haga; es decir, que, literalmente, se sacrifique a sí mismo. Y así lo hizo al enviar a su Hijo, Jesús, para que fuera un sacrificio aceptable y muriera en nuestro lugar. ¡Eso es lo más personal que puede haber! Jesús hizo algo que nosotros no podíamos hacer: asumió unilateralmente nuestro pecado y se convirtió en el único capaz de llenar ese vacío en nuestras vidas. Es sobre esta verdad que el apóstol Pablo escribió en Efesios 2:8-9:
«Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte».(NVI)
PASO TRES: Creer en Jesús.
La base de la fe cristiana está en quién crees que es Jesús y en lo que hizo al morir en la cruz y resucitar.
«Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…» 1 Timoteo 2:5 (NVI)
«Porque también el Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios». 1 Pedro 3:18 (JBS)
PASO CUATRO: Rendirse y recibir.
Como Jesús era Dios y pudo ofrecerse como el sacrificio perfecto, él llena el vacío en nuestras vidas de una forma real y personal. Esta es la buena noticia. Comenzar una relación con Dios empieza al confiar en Él como el único que puede perdonarte y salvarte. Se trata de entregarle tu vida.
«¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa…» Jesús en Apocalipsis 3:20 (RVC)
«Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.» Romanos 10:9 (NTV)
Confesar y entregarte sinceramente es lo que significa hacer de Jesús tu Señor y Salvador. Ahora puedes tener una relación cercana y real con Dios.
Dios te ha estado llamando y quiere llenar ese «vacío con forma de Dios» en tu vida si se lo pides. Esperamos y oramos para que escuches su voz.
Como colaboradores de Dios, les suplicamos que no reciban ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no le den importancia. 2 Pues Dios dice: «En el momento preciso, te oí. En el día de salvación te ayudé». Efectivamente, el «momento preciso» es ahora. Hoy es el día de salvación. 2 Corintios 6:1-2 (NTV)